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Todos los días este niño va a dormir al cementerio, y la razón te partirá el corazón

Una familia proveniente de San Cristóbal, Cuba, vivía muy feliz llevando una vida tranquila. La familia estaba conformada por un matrimonio y dos hijos: Keilan y Karel de 5 y 7 años que se llevaban realmente bien. La madre decía que ambos eran inseparables.

Los hermanos se querían mucho, jugaban en todo momento y se ayudaban el uno al otro en sus tareas cotidianas.

La familia vivía felizmente porque todos eran muy unidos. Aunque todo cambio un día cuando los hermanos se disponían a ir a la escuela. Keilan al salir tomo una canica que encontró y se la metió a la boca, Karel cuando vio eso, le dijo que se la diera porque esta era realmente grande. Pero Keilan en vez de dársela, empezó a reír jugando.

Para mala suerte, Keilan se trajo la canica, y Karel al ver eso, le llamo a su madre rápidamente pidiendo ayuda. La madre al llegar a donde estaba su hijo, lo vio desesperado y de un color azul, definitivamente estaba en problemas. Ella lo primero que hizo fue tratar de sacársela, pero era prácticamente imposible porque no llegaba a alcanzarla. Quiso llevarlo a un hospital, pero murió segundos después. Desde ese día todo cambio.

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Los padres estaban conmocionados, aunque Karel no, pues no sabía que había pasado porque no le habían dicho que pasaba cuando una persona muere. El solo decía a cada rato que ya trajeran a su hermanito para jugar con sus nuevos cochecitos.

Cuando finalmente le dijeron que ya nunca vería a Keilan y que ya no iba a poder jugar con él, Karel se devastó y dijo querer ir a verlo allá donde lo habían enterrado, es decir, al cementerio.

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Los padres le dijeron que se alistara, pues irían ahí, Karel al saber eso agarro una maleta y se la llevó consigo. Ya estando en el cementerio, pregunto cuál era la tumba de su hermano, su madre la señaló y este al verla sonrió.

Luego de eso, se dirigió a la tumba para hacer algo impresionante: saco sus juguetes y le dijo a su madre que Keilan estaba justo enfrente de ellos, que estaba feliz porque había llegado para jugar con él. Luego de decir esas palabras, se puso a jugar arriba de su tumba. La familia se extrañó porque pareciera como si en verdad estaba jugando con alguien.

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Luego de un rato, Karel se acostó en la tumba y dijo que nunca se separaría de él. La madre sacó fotografías de ese momento.

 

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